¿Cómo llegaste a ser diseñador editorial?
Desde pequeño me fascinaban la tipografía y el mundo de las revistas. Recuerdo que recortaba páginas de revistas durante mis vacaciones en Alemania con mi abuela. Cuando me preguntaban “qué quieres ser de mayor” no tenía una respuesta en palabras porque en aquella época la profesión “diseñador editorial” no existía.
¿Qué compartes con otros diseñadores editoriales españoles?
Poca cosa o nada. Salvo brillantes excepciones, la mayor parte de ellos viven de espaldas al público y de cara a los premios (opino que no trabajamos para compañeros de profesión sino para el público target). Hay muchos estudios creativos que realizan rediseños o números 0 (cero) que son franquiciados de diseñadores extranjeros; se limitan a aplicar plantillas concebidas para otros públicos —previa distorsión de proporciones, para adaptarse a los formatos españoles. Otros copian diseños extranjeros sin haber trabajado jamás en una redacción y con la esperanza inconfesa de que el equipo editorial ignore el panorama internacional. Estos estudios de diseño editorial no podrían subsistir en ningún otro país. ¿Alguien ha visto una revista extranjera copiando a una española?.
¿Has tenido alguna experiencia en este sentido?
Recientemente me presentaron un rediseño que consistía en el plagio de otra revista; a todos los niveles, tipográfico, constructivo y cromático. La profesional en cuestión simplemente se sonrojó cuando le hice el comentario que “me recordaba demasiado” a tal revista. Las capacidades técnicas e incluso la cultura visual no garantizan el que cualquier profesional sirva para crear.
Qué te parece más grave, ¿el plagio o la mediocridad?
Son hermanos e hijos de la inconsciencia y la pereza. He visto rediseños de revistas que provocaban rechazo por parte de su público. Los editores decían “los lectores se acostumbran a todo”, pero una parte importante del público no es así y las segundas oportunidades o no existen o salen caras. En todos los negocios se necesita actitud constructiva.
¿Cómo ves el panorama editorial de revistas en España?
Hace mucho tiempo que el mundo editorial español tiene disfunciones. De una época en que los kioskos —y la audiencia— eran incapaces de digerir la avalancha de nuevos productos, hemos pasado a un degoteo incesante de cierre de medios. Esto no sólo se debe al exceso de títulos y a su carácter minoritario. Algunos grupos editoriales que han crecido muy rápido en realidad son incapaces de entender la audiencia y han hundido las revistas que han comprado —compran cabeceras, pero no su “know how”. Son grupos que tuvieron éxito con un solo producto —hace años— y siguen creyendo que pueden aplicar la misma fórmula a cualquier producto.
¿A qué problemas se enfrenta la edición de revistas en 2009?
Estamos ante a una piscosis; un círculo que destruye consumo, empleo, reinversión, alegría de vivir. En segundo lugar, y como producto de consumo, las revistas se enfrentan a la caída de las ventas a la que induce esta psicosis. En tercer lugar, la desinversión publicitaria producto de esta psicosis no hace más que empeorar la situación. Y todo esto no es fruto de una realidad sino de un estado de ánimo social inducido, “contagiado” de las crisis que se han producido en otros lugares y que España ha importado sin tener en cuenta su propia realidad. El estallido de la burbuja inmobiliaria en España no es suficiente para explicar esta situación. No hay más que ver que los programas de corazón en TV siguen existiendo, mientras han desaparecido revistas con estos mismos contenidos.
¿Qué diferencia al sector editorial español del europeo?
La visión de los editores. Contamos con equipos editoriales muy “amateurs” —por no decir algo peor. En algunos casos están aconsejados por intrusos que no proceden del mundo de la comunicación sino, por ejemplo, de la distribución de supermercadosn. Muchos equipos editoriales en España no tienen ni la formación ni la experiencia que tienen en Francia, Italia, Reino Unido o Alemania. Estos países nos llevan una gran ventaja —no sólo en años— porque han inventado, desarrollado y madurado conceptos editoriales que hoy son clásicos, auténticas marcas.
España ha importado cabeceras de estos países…
Sí, y no se ha sabido aprovechar ni la experiencia que aportan sus editores en origen, ni tampoco se han sabido adaptar a la realidad española. Acaban siendo “sucursales” o franquiciados sin alma.
¿Hay soluciones?
Por supuesto. Hay una para cada caso. Al igual que en una orquesta, hay que coordinar a profesionales de varios ámbitos con un objetivo común. Hay que reeducarlos y reorientar sus funciones, sus objetivos y su forma de trabajar. La selección de los cargos es vital —a ser posible, sin amiguismos. Luego se puede discutir si redimensionar o reciclar equipos —yo creo en la formación. Para terminar, y como consecuencia de esta psicosis social, hay que reposicionar los productos en el mercado con la ayuda de estrategias de marketing. Nuevas realidades, nuevas soluciones.
¿Desaparecerán las revistas?
Si te has dado un garbeo por los aeropuertos de todo el mundo, verás que quedan muchísimas. ¡Y se venden! Las revistas no desaparecerán, pero se adaptarán a las nuevas tecnologías y nuevas demandas de los lectores, y probablemente coexistan e interactúen con internet y otros soportes de contenido. Hoy en día es el público consumidor quien reorienta los negocios y pide nuevas ideas. El consumidor ha pasado de la aceptación pasiva de contenidos (como la televisión) a la búsqueda voraz de contenidos en internet. La forma de crearlos, editarlos, presentarlos y distribuirlos será la clave.