Martin Ribé

Diseño editorial / editorial design weblog

Las funciones de un director de arte

Existen dos momentos distintos según la etapa de la vida de la revista. El lanzamiento de una publicación nueva exige decisiones distintas a las de una fase de rediseño de una revista que ya tiene una trayectoria, por poner dos ejemplos.

En primer lugar, debe existir un entendimiento profundo entre el editor, el director de la revista y el director de arte (hablo en masculino por defecto). Los objetivos han de ser comunes; idealmente los medios a disposición de cada uno de ellos deben ser consensuados.

Una de las tareas del director de arte consiste en traducir a lenguaje visual los ideales de comunicación que establecen el editor y el director de la revista. Intervienen factores intangibles como estilo, elección de fotógrafos e ilustradores, que conformarán la identidad visual y estilística de la publicación. Lógicamente un director de arte puede interpretar de una forma diferente las preferencias o necesidades de sus superiores corporativos, pero el diálogo consiste en eso, en hallar los puntos comunes y resolver las diferencias. Un director de arte debe saber negociar.

En condiciones ideales es el director de arte quien elige a sus colaboradores en el plano de la comunicación visual, aunque en muchas ocasiones es el editor quien tiene la última palabra. Suele ser una cuestión de presupuesto y también de simpatías y costumbres de los editores al imponer tal o cual fotógrafo o ilustrador.

Pero el director de arte no tiene responsabilidades únicamente de supervisión estilística. La producción de páginas día a día, su volumen y las particularidades del calendario de cierre afectan aspectos como la creación y el uso de plantillas; y a veces, el uso de personal adicional para los días de cierre, en caso de que la actualidad tenga un peso específico en el contenido. Compete al director de arte la coordinación de todo este personal necesario.

Otro aspecto que raras veces se menciona es el carácter integrador que debe ejercer un director de arte. Como vértice entre departamentos como el de redacción, marketing, publicidad, pre-impresión e imprentas, el director de arte necesita establecer relaciones óptimas con todos estos interlocutores. Y también vigilar que entre sí éstos tengan una relación lo más cordial posible, ya que una revista es un engranaje, y no una simple cadena de etapas sucesivas. Una revista que funcione bien debe funcionar como un reloj inteligente. Y el director de arte debe saber detectar errores de comunicación susceptibles llevar a retrasos o a deficiencias de calidad.

El equipo humano con el que cuenta el director de arte es vital. Y no todos saben liderarlo y motivarlo. Es necesario tener en cuenta que en una revista trabajan genios creativos como periodistas, redactores, especialistas en márketing, vendedores de publicidad, y el propio equipo gráfico de layout. Las personas creativas no son funcionarios que compulsan formularios de 9 a 3. Por eso deben tener una flexibilidad de horario que se adapte a las necesidades de calendario de las etapas de cierre de la revista y permita, una cierta planificación; estamos hablando de personas ávidas de vida. Y lo que entregan en su trabajo lo deben absorber de sus experiencias vitales.

Los profesionales de layout tienen hobbies tan variados como el deporte, el arte, el cine, el teatro, la música, los viajes, la gastronomía o la vida social. Ignorar estos aspectos es ignorar su capacidad creativa y su estímulo vital y profesional. Hay directores de arte que confunden la capacidad de identificación del profesional en su trabajo con la carencia de horario y vida privada.

Hoy en día las revistas de prestigio están por debajo de los índices de calidad de hace 10 años. Si tenemos en cuenta que las herramientas y medios productivos han mejorado sustancialmente, la controversia está servida. Mejores condiciones laborales, pero peores resultados.

La explicación está en el “burn-out”. El personal de layout está con motivaciones negativas y siente una gran indiferencia por su trabajo. Corregir esta tendencia está en manos de los directores de arte. Lógicamente, con la aprobación del editor y el director de la publicación, ya que, como decía al principio, estos tres managers deben compartir sus objetivos.

No es una labor objetiva y nunca se establece como función entre la lista de responsabilidades, pero hay que considerarla de primer orden si lo que un director de arte desea es el éxito de su producto.

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